La verdadera guerra de Costa Rica

La verdadera guerra de Costa Rica

Costa Rica, país de paz, un país que abolió su ejército y que además ha sido ejemplo para el mundo en muchos sentidos a través de su historia. Una de esas cosas que admira el mundo sobre nuestro país es nuestra democracia que ha sido considerada como una de las más sólidas del continente. Además tenemos la dicha de tener una diversidad increíblemente basta, unas playas de ensueño y montañas tan hermosas que hemos salido en películas, documentales y programas de televisión en donde refuerzan nuestra belleza.

 

En los últimos años hemos venido teniendo un cambio como sociedad. Hemos pasado de ser seres de paz y pura vida a muerte y destrucción. El caos que vivimos con nuestro sistema judicial que parece en ocasiones írsenos de las manos cuando vemos resoluciones que casi hasta para un ciego estarían claras. Liberación de delincuentes, impunidad, alto estrés en la población producto de las deudas económicas, las presas sin fin, los choques insignificantes, el trabajo y la familia.

 

La falta de seguridad limita la capacidad de divertirse y relajarse para muchas personas. Aquellas que viajan en transporte público y viajan a altas horas de la noche viajan en una constante plegaria para no ser víctima de un asalto y salir lastimada por algún motivo en su trayecto.

 

Pero más allá que todo esto Costa Rica tiene una guerra interna muy fuerte. Esta guerra no es producto del narcotráfico, no tiene que ver con la corrupción que carcome nuestro gobierno, no es debido a la economía, no es debido a alguna invasión extranjera. Esta guerra ha sido creada de nuestra IRRESPONSABILIDAD al volante en las carreteras costarricenses. Si hiciera una análisis crítico sobre las posibilidades de morir a manos del hampa o morir en un accidente de tránsito, nunca me montaría en un vehículo en la vida.

 

Hace pocos días vimos un gran ejemplo de esto con varios accidente sumamente trágicos, de gente joven y de vidas destruidas. Familias que no solo llevan la carga del dolor sino de las consecuencias legales en algunos casos de las malas decisiones de otros.

 

Yo manejo todos los días y es realmente un campo de batalla. Mantener un agudo sexto sentido es casi un requisito para poder manejar. Personas que no parecen conocer las leyes básicas de tránsito, el ignorar las vías del tren, que para mí que el tren choque con un carro es simplemente irresponsabilidad, no tenemos un tren que viaja a 600 km por hora como para no darse cuenta cuando sale de repente. El mal uso de las rotondas, la falta de cortesía que se ve todos los días, las presas innecesarias muchas veces creadas por alguien que necesita hacer algo NO PERMITIDO para tener un poco de comodidad sin importar los demás. Personas que doblan donde hay doble línea amarilla, gente parqueada donde le da la gana, metérsele a otros conductores sin importar las consecuencias. Pero lo más grave es la VELOCIDAD a la que al tico parece gustarle manejar.

 La gran pregunta es, cuál es la prisa? Es acaso que somos como niños que al primer espacio desocupado tenemos que meter el pie en el acelerador a ver de qué manera nos matamos o dañamos la vida de otros? Por qué tantos motociclistas mueren al año? Por qué tantos atropellos fatales? Tal vez porque también es muy común ver peatones cometiendo imprudencias en donde se juegan la vida.

 

Costa Rica carece de educación vial, no porque no la haya recibido, sino porque parece que al tico no le importa poner atención. Sé que la mayoría son posiblemente conductores responsables, pero también sé que todos en algún momento hemos sido de esos que hacen algo que no deben mientras manejan. Pensemos hermanos, pensemos y seamos más responsables. Usemos el casco y el cinturón de seguridad. Llevemos a nuestros niños con los dispositivos adecuados. Acatemos las leyes de tránsito, sigamos las recomendaciones de velocidad permitida. Al final a altas horas de la noche si uno maneja a 60 km por hora llega igual de rápido a cualquier lado. Lo más importante es llegar sano y salvo a la casa porque normalmente alguien nos espera en ella. A otras personas también las esperan, sea RESPONSABLE.